sábado, 31 de marzo de 2012

PRIMERA FASE: LOS PLANOS.

Los propietarios nos facilitaron unos planos de la casa, pero no coincidían del todo con las mediciones reales, así que mi "contratada arquitecta" se puso manos a la obra y me preparó unos planos maravillosos. Cosa que no era tan fácil, ya que tomamos las medidas a toda prisa y algunos errores habríamos cometido. Y para más lío, en toda la casa ¡no hay dos paredes paralelas, ni esquinas que formen un ángulo recto!
No contenta con hacer los planos, hasta me preparó un Sketchup de la casa entera...


¡Qué ilusión me hizo!... y qué trabajo me ha dado. Porque a partir de ahí, con los planos, el 3D y muchas horas de dedicación, empezó el decidir todo el proyecto.
Que habrá que poner un baño en cada piso. No puede ser que haya que  bajar uno o dos pisos para hacer pipí en mitad de la noche, y máxime cuando tenemos tanto niño.
Que hay que cambiar la cocina de sitio, porque no es cómodo que esté tan lejos del patio y además no tiene ventilación.
Que hay que limpiar todo el patio de los elementos que lo achican y afean tanto. 
Que al tejado hay que darle un repasito para que el segundo piso sea aprovechable. 
Que tenemos que poner una media-cocina en el patio para comer al aire libre en verano y hacer la típica paella para toda la familia y el "pollo dominical"...





Qué, ¿que no sabéis el secreto del "pollo dominical"? ... pues se llama "pollo" porque -evidente- se trata de un pollo; "dominical", porque en mi casa se hace casi siempre los domingos. Y se hace porque es lo más fácil, se deja en marcha y te vas a la calle a tomar un pintxo. Y a la vuelta, ahí está: tan rico, aún calentito y dispuesto para comer. Ah, ¿que queréis la receta?
Pues ahí va: Se coge un pollo (o más, todo depende de la gente y del apetito). Sal y pimienta por dentro y por fuera a gusto del consumidor; mejor que sea abundante. Se pone con los muslos para arriba en una fuente un poco honda pero no muy grande. Que el pollo se encuentre arropadito. El horno tiene que estar caliente, y yo lo pongo una media hora a 200º (también eso depende del tamaño del pollo y del rendimiento del horno). Mientras tanto, te preparas para salir a la calle. A la media hora, sacas la fuente. Rocías el pollo con un buen chorretón de coñac o  brandy (a mejor calidad, mejor sabor). Le acercas una cerilla encendida y aquello parecen las Fallas de Valencia. Últimamente estoy usando un Remy Martin que ni me acuerdo de dónde ha salido, y el resultado es espectacular. Vuelta el pollo al horno para otros 30/40 minutos. Dejo el temporizador puesto y ¡a pasear!

Volviendo a lo que estábamos. Días y días moviendo cosas (sobre plano, que es lo sencillo) por toda la casa. Que sí entra, que no entra... cambia la puerta de sitio. Que el baño no puede ir ahí. Que si tiramos el falso techo del segundo piso, nos queda un espacio fenomenal en altura, y para algo lo usaremos. Se quita el tabique que forma el pasillo, y aprovechamos mejor el espacio... elucubraciones a montones.

Si todo se hace conforme a lo pensado, nos quedará una salita y una cocina en la planta baja (más el patio y un baño); tres dormitorios y una zona para juegos y tv de los niños (más un baño) en el primer piso y, en el segundo piso, un dormitorio, un baño y un cuarto general para niños que tendrá un altillo en la altura que nos hemos encontrado del tejado. 

Por fin, ya hemos decidido en qué han de consistir los arreglos. Pasamos todo al contratista, y espero a que me manden el presupuesto... ¡ay, qué nervios!

viernes, 30 de marzo de 2012

LLEGÓ EL 12 DE OCTUBRE.



Aprovechando que el 12 de octubre es fiesta, volvimos a organizar excursión para ver la casa. En esta ocasión conté con la experta arquitecta que tenía que dictaminar si la casa se iba a caer o no. O sea que de su opinión dependía que la operación se ultimase o se deshiciera.
Así que quedamos en Tafalla el día 11 por la tarde, mi arquitecta de cabecera que venía de Barcelona, mi nieta y yo. Nos quedamos a dormir allí y a la mañana siguiente tempranito, nos pusimos en marcha hacia Miranda de Arga.

Esta vez sí que nos fijamos en todo, y sí que hicimos unas cuantas fotos. La fachada de la casa no es espectacular, ni de piedra, como muchas en el pueblo, pero tiene su encanto con las ventanitas desiguales y desalineadas. También tiene un medio muro de piedras asomando de la pared que le da "una cierta categoría"... :-)

Atravesando toda la planta baja, al fondo está el patio. No es tan pequeño, pero está lleno de tejadillos viejos, sucios y con uralitas roñosas que hay que eliminar por completo. Ocupan mucho sitio y quitan luz.


Además, hay un regrueso de muro que realmente no sirve de nada, y que nos quita un buen espacio. Lo primero que habrá que hacer es vaciar completamente el patio de todo lo que está estorbando, y así aprovecharemos toda la superficie.




Los suelos de toda la casa son de lo más divertido, porque cada una tiene un suelo diferente, y en algunas habitaciones el suelo tiene varias baldosas diferentes.
El damero blanco y negro está muy bien. Otros son más feos. Y al final hasta le cogí cariño a ese muestrario de colorines y tal vez lo dejaremos así. Además, ya se sabe... ¡nadie es perfecto! 

Todo está un poco "a medias"... Hay unas puertas nuevas a estrenar, y otras viejas que no valen para nada. Tiene hecha la instalación de calefacción, pero no llega al segundo piso. Algunas ventanas son recientes, y otras viejas que se tienen que sustituir.
Y -cosa muy importante- en toda la casa no hay más que un cuarto de baño en la planta baja. Teniendo en cuenta que podemos llegar a coincidir (aunque no sea más que dos o tres veces al año) hasta trece personas, se me antoja totalmente insuficiente un único baño a repartir. Hay que pensar en cómo y dónde se pueden instalar otros dos baños. Esto va a acabar pareciendo el chalet de la Preysler. Aquel que tenía (dicen) trece cuartos de baño... aunque también decían que tenía cuarenta habitaciones, y ese no es nuestro caso.

Resumiendo. Mi hermana-arquitecta se curró la medición de toda la casa para hacer unos planos como es debido. Se miró y remiró todo de arriba abajo y con su ojo experto me dio permiso para hacerme con la casa. Así que nos marchamos de allí con la decisión tomada, y para hacer nuestra oferta definitiva por la casa, quedamos a la espera de tener los planos y contar con lo que es el intríngulis de la cuestión: ¡el presupuesto de la obra!

Esto lo veremos en el capítulo siguiente.

jueves, 29 de marzo de 2012

POR FIN, ENCONTRAMOS EL PUEBLO.

Así que le tocó el turno a Internet.
Ese mundo paralelo en el que se encuentra de todo. Y ahí el sector inmobiliario tiene ofertas de todo tipo. Particulares, agentes, nueva y vieja construcción... etc.

Continuamos mirando en Navarra, por la zona de Tafalla e incluso un día llegamos a ir hasta Cintruénigo (un poco más lejos de lo que pensábamos) y... ¡qué casa más preciosa vimos allí!
Enorme. Con un patio fantástico (con una palmera de casi 10 m. de altura). Un granero de lo más bonito que he visto. Pero la dura realidad se impone: necesita una obra importante, y al ser tan grande, el coste será en consonancia. O sea que la descartamos porque, además, Cintruénigo es un pueblo/ciudad, demasiado grande para lo que yo quiero.

Sigo buscando. Y a todo esto ya se estaba pasando el verano. Después de mucho investigar y buscar por la red, encontré que había varias casas en venta en un pueblo que se llama MIRANDA DE ARGA

En cuanto al pueblo cumple con todos mis requisitos: tiene unos 850 habitantes, farmacia (dos), consultorio médico, piscina, bus desde Pamplona. También algunas tiendas. La carretera no pasa por el pueblo sino que lo rodea, y además es muy bonito.

Así que concerté unas visitas a varias casas en venta, y allá nos fuimos (Helena y yo) de expedición, a la caza y captura.

La primera casa que vimos, no tiene patio pero sí una terraza espectacular que lo podría sustituir. Tiene posibilidades de dejarla muy bonita. Pero el precio es alto, necesita obra y, sobre todo, nos resulta un poco justa de tamaño para nosotros.

Otra es grande-grande, incluso demasiado, y con un patio emorme, también necesita mucho arreglo (mucho-mucho,  incluso demasiado arreglo).

La tercera, muy asequible de precio y suficientemente grande, pero tiene una distribución muy complicada y fea y también se prevé una costosa obra. Y tampoco tiene un patio aprovechable.

Para cuando vamos a ver la siguiente de la lista que llevamos... ¡estamos agotadas! Toda la mañana en danza y sin habernos ni sentado a tomar un café. Según los datos que había visto, la dejamos para el final porque era la que parecía menos interesante. Por el anuncio de internet no parecía muy grande; necesitaba algún arreglo, y tenía un patio muy pequeñito y birria. Estuvimos a punto de no ir a verla y volvernos para casa. Pero ya que estamos aquí... ¡nos vamos a verla!

Y es lo que suele pasar. Que las apariencias engañan y cuando menos te lo esperas, ¡salta la liebre! Fue un auténtico flechazo, amor a primera vista... Y según la iba viendo decidí que esta iba a ser  MI "casapueblo" y que me la quedaba. Claro que... no se compra uno una casa así de repente, sin pensarlo más y sin hacer números. Muchos números que hay que hacer.

La casa necesita algunos arreglos que esperamos sean asumibles porque algunas cosas ya las habían arreglado: el (único) baño estaba nuevo, tiene instalada calefacción... hay una cocina también nueva, etc. En contrapartida hay cosas que se tendrían que adaptar a nuestras necesidades, pero eso lo iremos viendo.

Así que después de verlo todo, nos marchamos a casa quedando con los vendedores en que ya lo hablaríamos más adelante, cuando yo decidiera algo (que yo ya lo había decidido, pero hay que hacerse un poco de rogar).

Tan agotadas estábamos, y teníamos tantas ganas de volver a casa,  que ese día ¡NO HICE NI UNA FOTO! Y además, a la vuelta, ¡NO NOS ACORDÁBAMOS DE NADA DE LO QUE HABÍAMOS VISTO! Ni de cómo era la fachada; ni de cuántas habitaciones tenía; ni de cómo estaban distribuidas; ni del tamaño de las ventanas, ni... ni... etc.

Esto ya lo subsanamos en el mes de octubre, cuando volvimos a visitar la casa con ayuda "facultativa" para que emitiera su visto bueno a la compra. Esta historia, en el próximo capítulo.

domingo, 25 de marzo de 2012

LA PRIMERA BATALLA.

Decía que los bancos tienen muchas casas en venta. Muchísimas. En pueblos de todas las provincias. Y, por supuesto, un montón en Navarra (La Caixa se quedó con la CAN y se tuvo que comer todo el patrimonio inmobiliario que tenía ésta última...). Así que después de mirar y remirar, haciendo una exhaustiva prospección de pueblos y sus características, fuimos ajustando la zona, y en el mes de agosto del año 2011 hicimos una excursión para ver pueblos... y casas.
Aprovechamos para estar un par de días en Olite, que es una preciosa ciudad medieval que siempre da gusto visitar.

Había casas procedentes de embargos, totalmente destrozadas por los propietarios antes de abandonarlas. Azulejos arrancados de la pared, tuberías cortadas... casas inhabitables salvo que se acometieran unas obras enormes y costosas.
Las que estaban en mejore condiciones (tampoco estupendas, claro) se salían de precio y las baratas ¡es que no había por donde cogerlas!
Estuvimos viendo casas en Allo, Ujué, San Martín de Unx,  Morentin, Muniain de la Solana, Villatuerta,  Arellano,  Dicastillo... en fin; que nos recorrimos media Navarra en ¡dos días! 

Para muestra de que no vimos nada que nos llamara la atención, estas fotos:




Vimos casas grandes (demasiado) que estaban destrozada; alguna que estaba medianamente bien, se ubicaba en un pueblo imposible por las cuestas que tenía. Casas que tenían posibilidades de quedar bien, necesitaban muchísimo dinero para ello, y la que era de precio ajustado y se podía dejar bien con poca inversión, resultaba demasiado pequeña para nosotros. 

Quede claro que yo no soy de las que se asustan por ver una casa en pura ruina. Todo lo contrario; enseguida le veo la parte positiva y las posibilidades de mejorar. Pero lo que no puede ser es dejarse la hijuela en el intento. Total... que nos volvimos de ese periplo con las manos vacías, pero con el estómago lleno. Porque... ¡qué bien se come en Navarra!


Hemos perdido una batalla, pero aún ganaremos la guerra. Así que, hay que seguir...

Como la oferta bancaria ya vimos que no nos resultó interesante, pasamos a la búsqueda en la segunda fase: los portales inmobiliarios en INTERNET. Como dice mi hermana, "todo lo que necesito, lo encuentro  en internet".

Ese es otro mundo, y enseguida entraremos en él.

miércoles, 21 de marzo de 2012

ASÍ EMPEZÓ TODO

Empecé mi proyecto "casapueblo" hace más de un año. La motivación: conseguir el cambio de aires para mis nietos al que tan aficionados eran los padres del siglo pasado. Y es que aunque parezcan remedios de abuela, estoy convencida de que ese cambio produce grandes beneficios en la salud de los pequeños. Así que me puse a ello, y aquí va el relato de todo el proceso hasta llegar a tener "mi casapueblo".
Y es que no es fácil, no. 
Para hacer un "proyectocasapueblo", lo primero de todo es encontrar "unpueblo".
Elemental, querido Watson. Sin pueblo, no hay casa; y sin casa, no hay "casapueblo". Así que aprovechando la circunstancia inmobiliaria del país, empecé por mirar en las páginas de una caja-banco (... sin que sirva de propaganda: La Caixa) que tiene centenares de pisos, casas, solares, edificios enteros tanto antiguos como  recién construidos... en fin: la cueva de Ali-Babá (nunca mejor empleada la expresión) llena de tesoros por explorar.
Hay que delimitar la zona geográfica: tiene que estar -como máximo- a una hora y media en coche desde nuestra ciudad de residencia. Como lo que necesito es zona seca, en principio lo interesaante es Álava, La Rioja y Navarra. Y, en principio, a mí me gusta Navarra y mis nietos tienen orígenes navarros...
Así que empezamos con que ya tenemos la provincia
Ahora vienen las condiciones que tiene que tener el pueblo. Quiero que sea lo bastante pequeño para poder hacer vida "de pueblo". Es decir, que los niños puedan andar a su aire, que no tenga tráfico en las calles, que sea abarcable. Y a la vez, suficientemente grande para que cuente con los servicios -llamemos- indispensables (comestibles, pan, farmacia, médico, etc.). Muy importante: que tenga piscina. Y, por último, que haya posibilidad de llegar en transporte público, por si acaso.
Ahora ya sabemos cómo tiene que ser el pueblo.
La casa, no se cómo tiene que ser. No quiero una casa nueva o en urbanización, sino una casa de pueblo-pueblo. Tiene que ser amplia porque nuestra familia lo es, pero que tampoco se nos vaya de las manos y resulte inasumible. Que se pueda habitar con poco arreglo. Y, muy importante también, que tenga al menos un pequeño patio, que los urbanitas ¡nos morimos por comer al aire libre!
La cosa pinta difícil... pero no hay misión imposible cuando uno se propone algo. Así que... ¡a por ella!