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miércoles, 15 de junio de 2016

NUEVO PROYECTO... DICHO Y HECHO.

Entre los muchos proyectos pendientes, había uno que me estaba rondando continuamente... ¡mejorar la estética de este lavabo!

Vamos, el lavabo en sí no es feo. Es chiquitito pero suficiente. Pero ese batiburrillo de desagüe, latiguillos, llave de corte, etc... queda feo feo feo.

Este baño estaba ya cuando compramos la casa, y sólo cambiamos el anterior lavabo, que era grande y estorbaba mucho. Y así se ha pasado nada menos que cuatro años.

Pero sí, al fin le ha tocado el turno.

Acudimos (¿a dónde, si no?) a IKEA, y compramos la cómoda Rast, que barata lo es un rato (no llega a 25 euros, y es de pino de verdad, ¡no de aglomerado!) y de las cosas más adaptables y tuneables que te puedas imaginar.
















Una vez montada y colocados los cajones en su sitio, así queda presentada bajo el lavabo. Ya sólo con eso, el baño parece otra cosa :-)
Como por debajo del lavabo están todos los artilugios que arriba se ven, el trabajo ha consistido en:
  • recortar la tapa del mueble para poder meterlo hasta el fondo 
  • acortar los dos cajones superiores para que al cerrar no peguen en el desagüe
  • hacer una muesca en el fondo del cajón central para poder acceder a la llave de corte general del agua




Luego poner unas tablas por debajo para poder sujetar las patas (el mueble no tiene "suelo" propio) y atornillarle unas de esas que, girando, suben o bajan para nivelar. Al ajustar la altura de las patas, se consigue que el mueble quede a presión contra el lavabo, y si algún día hay que quitarlo por cualquier problema, no hay más que aflojar las patas... et voilà, el mueble sale sin dificultad... y sin tener que mover ni un tornillo.
Lo siguiente creo que será cambiar las luces sobre el espejo; no porque no me gusten, sino porque no ganamos para bombillas, que son de las incandescentes ¡y se funden con la mirada! (y lo que consumen...)

En definitiva, la cosa ha quedado así, y me gusta el resultado... jajaja ¡con qué poco me conformo!

   

lunes, 15 de junio de 2015

LA SILLA RECOGIDA

Tal como dije hace cuatro días, la recolectora que vive en mí se encontró aquella silla tan mona y tan repintada, e intentó lijarla con pobre resultado.

Así que me la traje al pueblo, y con la lijadora eléctrica pensé que iba a ser pan comido. Pero no. Cuando ya casi se me habían agotado las lijas, y me había agotado yo (más que las lijas), decidí que con quitar bien la pintura del asiento, ya valía. En realidad es para dejarla en el patio, con alguna planta, así que tampoco vamos a ponernos exquisitos.

Unas manos de pintura y un poco de barniz en el asiento... ¡tacháaan! Acabo de empezar mi "colección" de sillas. Ahora tengo que salir de cacería a las basuras a ver si encuentro alguna más.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

OTRO BRICOLAJE MÁS

Cuando compramos esta casa, había muchos trastos inservibles que se tiraron, pero también algunas cosas que pudimos aprovechar.  Así de memoria: el banco que tengo en la fachada exterior; la lámpara roja que cuelga en el patio; alguna otra cosa más... y un par de sillas.  Estas sillas que aquí véis, con un color marrón indefinido y un barniz industrial feo y brillante; el asiento tapizado con una tela anticuada... vamos, más bien feúchas y que no tenían mucho futuro. Pero como están aparentemente fuertes siempre pueden servir para un día en que seamos muchos y nos falten asientos. 
Una de ellas ya la pinté de verde en su día y así se ha pasado estos dos años. La otra se quedó tal cual a la espera de un mejor momento.

Y ahora les ha llegado el mejor momento a las dos. Las he lijado bien hasta dejar la madera natural. Que eso ya en sí mismo es todo un reto. A pesar de que tengo lijadora eléctrica y todo, lleva su buen trabajo. Y he tapizado el asiento con una tela más animada que la de antes. Ya sólo con eso parece otra silla. Pero me parece demasiado claro el color de la madera natural y creo que quedará mejor un poquito más oscura. 


Así que les he dado un tinte satinado en un color algo más oscuro que el natural, y a los barrotes torneados en rojo para que combine con el asiento ¡"et voilà"! 
OTRO PROYECTO TERMINADO
Y ahora a utilizarlas y lo que duren... que espero sea mucho tiempo, para amortizar el trabajo que me he tomado.

sábado, 30 de agosto de 2014

A POR LA VENTANA!

Tengo nuevo proyecto... jaja... ¡que sería de mí sin un proyecto!

Le va a tocar el turno a la ventanita de lo alto de la escalera. Sí... esa que por no tener, no tenía ni cristales, que estaba cerrada con unas tablillas.

Como daba pena no aprovechar la luz que podía entrar, en su día le puse unos cristales (bueno, se los puso el carpintero), la limpié un poquito (sólo un poco) y pinté la pared del exterior en blanco, porque así refleja más la luz. Y con una cortinita por delante ni se veía lo feílla que estaba.

Así se ha pasado estos años.


 Pero ahora le ha llegado el turno de pasar por el salón de belleza. Que ya sabemos lo que puede cambiar cualquier cosa con un poco de maquillaje.

Armada de una lijadora, y bastantes hojas de lija, me he lanzado. Que la pintura que tiene no es vieja, sino prehistórica. Y que cuesta quitarla (incluso con la lijadora eléctrica) un "pasote", como dicen ahora.

Pero nada que una buena dosis de paciencia no consiga (espero). Si no termino hoy, pues terminaré mañana... "y el que la sigue, la consigue".
 Poco a poco (muyyyy poco a poco, que esto va más lento que el caballo del malo) aparece el color de la madera. Es una pintura que utilizaban antiguamente (ya me dijeron el nombre, pero no me acuerdo) y que se queda, no pegada, sino "integrada" con la madera. Y a pesar de mucho lijar y lijar, la cosa no queda demasiado bien. Quería dejar la madera limpia y darle un poco de protector sin más. Pero no consigo que el soporte quede uniforme.

Así que después de un buen rato de esfuerzo, y muchas lijas gastadas, creo que ha llegado el momento de reconocer que esto no se puede mejorar. Ya se sabe que una retirada a tiempo es una victoria, así que aunque esto sea un fracaso (estoy acostumbrada a que las cosas no siempre salen como uno quiere...), me paso directamente al "plan B": una buena mano de pintura y todo se solucionará.

Me decido a pintarla de color rojo. Total, ya que es un poco simple, pequeñita y sosa... ¡que destaque por algo!

Y después de pintarla perfectamente, como siempre, procedo a envejecerla con unas cuantas pasadas de lija. Aún puede que le siga dando algún que otro maltrato, pero en principio ya está terminado el proceso.



Y esa tela que he encontrado por ahí y que he aprovechado para hacerle la cortinita, es como si estuviera hecha exprofeso y le va como anillo al dedo, con esos gallos de plumas rojas...

miércoles, 21 de mayo de 2014

TOLDO SÍ... TOLDO NO...

Aquí el sol pega fuerte en verano. Y tenemos un patio chiquito y encerrado entre cuatro paredes. Así que cuando llega el momento de "la caló", no hay quien pare allí dentro (o fuera, según se mire). Eso sí, es buenísimo para la colada: en un par de horas, todo seco.

Para disfrutar de nuestro "txiki-patio", la mejor época es a partir de abril (cuando no sale lluvioso) y hasta mediados de junio (cuando no viene caluroso). En esos meses se puede comer fuera, que a los que somos de ciudad siempre nos parece lo más de lo más y nos hace mucha ilusión.

A partir de ahí... durante el día, ni asomar. En cambio por la noche da gusto cenar en el patio, y alargar la tertulia con una temperatura ideal. Bueno... y los desayunos también resultan deliciosos.

Pues bien, parece que lo interesante sería poner un bonito toldo. De esos que tienen una manivela y se recogen enrollados. Y aquí estoy... ¿poner, o no poner? he aquí el dilema. Qué será mejor, ¿color claro u oscuro? Como todo se traduce en precio, lo de ponerlo con motor ya casi que ni me lo planteo.

Resumiendo: vamos a empezar nuestro tercer verano en el patio, y aún esperando a un toldo comme il faut, que dicen los franceses..


Pero como algo había que poner, el primer año compré el toldo triangular de Ikea: bueno, bonito, barato, que va haciendo su papel (la "tanga" le llaman mis hijas). Y la idea era que si se ponía muy feo, se podía cambiar cada dos o tres temporadas, ya que valía poco dinero. Pero... ya no lo venden: ¿por qué en IKEA cuando hay una cosa buena la descatalogan?...

Así que como cada año se va deformando un poco más, y también se rompe porque el sol y la lluvia lo van deteriorando, creo que este será el último verano que aguante. Tendré que plantearme en serio la sustitución por alguna otra cosa.

miércoles, 2 de abril de 2014

VOLVER A EMPEZAR

A mi, que no me gusta Garci, se me tenía que ocurrir este título. Podía haber sido cualquier otro, pero así se va a quedar. Ya se sabe que la primera idea suele ser la que más vale.

Habíamos quedado en que hoy empezarían a hacer esto de rasear toda la pared (porque se desprendían cascotes de piedra y cemento, con el peligro que ello suponía), y llego esta mañana para supervisarlo todo (que esto de las supervisiones se me da muy bien, jeje) y...  ¿qué me encuentro?... pues que ¡ya lo han terminado de rasear todo!
Casi terminado; a falta de pintar, pero para eso hay que esperar a que el cemento se seque, y con el tiempo gris, triste y con un poco de lluvia que me he encontrado al llegar (¿recordáis aquello de la terrible sequía de Miranda?) pues no se si el viernes podrá hacerse.

Mirándolo por el lado positivo, casi mejor que no he estado de cuerpo presente durante la obra, porque me hubiera atacado con la movida que ha sido ("ojos que no ven...") y así al encontrarme con hechos consumados, pues no he sufrido nada. El sufrimiento viene ahora que hay que limpiar todo el cemento y polvo que se mete por todos los rincones. Pero está visto que es mi destino. Llegar aquí y ponerme a trabajar, va todo incluido. Mi "forfait" de pueblo.


Lo que sí me da un poco de palo es que después de tanto poner la barrica, las hiedras, la petunia, las cañas... y tan monísimo que había quedado todo, ahora lo han tenido que mover para hacer sitio al andamio, y espero que no sufran las pobres plantitas con tanto meneo.

Menos mal que a mí en el fondo estas movidas me gustan más que comer con los dedos... y cuando se consigue el resultado final, casi siempre compensa de todos los quebraderos de cabeza.

A ver si para el fin de semana lo tenemos todo terminado y puedo poner la foto-finish.

viernes, 28 de febrero de 2014

YO SOLA ME COMPLICO LA VIDA

Quería poner unas plantas en el patio. Un poco de verde siempre viene bien, y ya que no tenemos jardín, al menos lo simularemos. Así que estuve dando vueltas a cómo poner "algo" donde las plantas se sintieran a gusto. 

Después de mucho pensar (alguna neurona me dejé en el camino), la idea fué: una barrica. De esas de roble, de hacer vino, que por aquí proliferan mucho y en todos los bares las ponen para apoyar los vasos... bueno, aquí y en todas partes. Se han puesto de moda, sobre todo desde que no se puede fumar dentro y hay que salir a la calle para hacerlo. Son muy grandes... su capacidad es de 225 litros, lo cual es un montón... y seguro que con la tierra que le va a caber, cualquier planta va a crecer desaforadamente (a menos que yo la mate, que soy bastante terminator para lo verde).

Total, que pregunté en el Bar Chuscar (que es como mi segunda casa/oficina cuando estoy en Miranda, ya que ¡tienen WIFI!), y Carlos se ofreció a conseguirme una. Y por fin, el otro día, llegó la barrica.

Las barricas tienen tapa en los dos lados. Y hay que quitar una de las tapas para poder meter la tierra... pero hay que cortar la madera, porque si se aflojan los aros metálicos se suelta todo el barril y ya no hay forma de volver a montarlo...

Te dicen: "es muy fácil, haces un taladro y luego metes la sierra de calar y listo". Así que primero había que hacer unos agujeros de drenaje en uno de los lados; luego darle la vuelta y empezar con el otro lado. Ahí me puse, con el taladro y una broca para madera, a hacer unos agujeritos...  y luego meter la sierra de calar...



Cortar, ya empecé a cortar. Una parte, porque luego la hoja de sierra se torció, se dobló, se quedó hecha un asco, y llegó un momento en el que ya no pude seguir con ese sistema. Y entonces tuve que aplicar el plan "B": ir haciendo agujeros y más agujeros con el taladro, hasta conseguir una línea completa de corte.


Y tampoco es fácil, que no he visto una madera más dura en mi vida (roble macizo)... hasta se me rompió una broca...(¡menos mal que tenía dos!). En resumen, ya conseguí quitar un círculo completo de la tapa, y luego tuve que ir poco a poco quitando el resto...

Pero a mí cuando se me mete una cosa en la cabeza, no hay quien me la quite, y he conseguido dejar la barrica sin tapa, perfectamente preparada para ponerle la tierra y las plantas correspondientes. Ya llegará el capítulo de la jardinería y ¡a ver lo que duran las plantas!


sábado, 25 de enero de 2014

CAMBIO DE PUERTA

Nuestra casa traía ya puesta esa puerta de entrada, que no me gustaba nada, pero que como estábamos metidos en pleno follón de gasto, había que hacer economías.

Además de no ser bonita de ser fea de narices, como es de chapa metálica nos daba continuos problemas a la hora de abrirla y demás.  Sobre todo en verano, cuando le daba el sol toda la tarde, se dilataba y empezaban las dificultades para abrirla. Además, al ser totalmente ciega (aunque llevaba esos dos laterales de pavés), dejaba pasar poca luz y no era hermética contra frío, calor y polvo de la calle. Para ventilar había que dejarla abierta de par en par (varias veces se había metido el gato del vecino a husmear por toda la casa...) ya que no tenía otra posibilidad.

Todos estos problemas en conjunto me empujaban a cambiarla, pero como ya he dicho lo hemos ido dejando. Y al no ser una cosa imprescindible, se quedó en la lista de "futuros". 

Pero el futuro de la puerta ya llegó. Hicimos un diseño (mi arquitecta, ¿quién si no?) y un bonito plano con todas sus medidas para que el carpintero me la realizase a medida del hueco y a gusto del consumidor.

Lo primero fue quitar la puerta anterior. ¡Aquello ya parecía otra cosa...!


Ya que cambiábamos, la pusimos un poco más adentro, para que quedara más resguardada. Ahí aún no tenía el cristal puesto. Y mientras estaba el carpintero, César, trabajando, yo me quedé castigada dentro de casa, porque para salir había que hacer salto de valla, y no estoy yo para estos excesos... 


Luego vino lo que siempre tiene que pasar: la cagada de turno. Yo había encargado el cristal transparente. Que a mi me gusta ver la calle desde dentro y si por cualquier causa no quiero que me vean a mí, pues ya pondré una cortina que lo impida. Pero entre que yo te digo que tú me dices... no nos entendimos bien el carpintero y yo. Y la cosa es que el cristal que trajo es translúcido. Y no me gusta demasiado (vamos, que me gustaba transparente y punto), pero como no es cosa de otra vez empezar a esperar que lo hagan de nuevo, etc.etc., pues de momento así se ha quedado. Tengo que reconocer que en el interior, la luz que entra con este cristal es muy bonita. Pero con la madera de la puerta me parece que hace demasiado contraste y no termino de verlo. Así que ahora el siguiente paso será "cambio de cristal"... ¡y que no terminamos nunca! Pero eso será para un futuro (muy alejado).


Una vez colocado el cristal y la puertecilla lateral, así es como queda, vista desde el exterior y desde el interior. 
La puertecilla lateral tiene la función de ventilar y se puede dejar abierta incluso cuando nos vamos de casa, porque queda muy estrecha y por ella no se puede acceder. Incluso si alguien metiera la mano (o el brazo) no alcanza a la manilla de apertura, y en el hipotético caso de que alcanzara, no hay más que dejar la llave pasada, y no hay ningún peligro de que pase nadie al interior. 
Cuando estuvo totalmente ajustada y terminada, vino el albañil a suprimir los pavés anteriores y rematar bien todo. Tuvo que poner el peldaño de acceso nuevo y los remates laterales. Un día y medio de trabajo en total, y ya tenemos nuevo acceso a nuestra casa.

Ahora falta rematar la pintura (eso me toca a mí), y ¡habremos superado otro nivel!

jueves, 16 de enero de 2014

VOLVIENDO A AQUELLO DE LOS "IMPREVISTOS"

Que no se acaba nunca una obra, no. Pero bueno, también eso forma parte de la diversión. La parte mala es que -al final- siempre acaba costando dinero y dando trabajo. Pero hay que fomentar la economía, que la crisis es muy mala.

Total, todo este preámbulo para decir que nuestras famosas humedades en la cocina de la casa, tienen que solucionarse de alguna manera. Hemos puesto un aparato que modifica la polaridad del agua que asciende por capilaridad en los muros (¡toma!) y que tal parece como magia potagia. La magia será cuando veamos que funciona; si no, será potagia y a la porra con el aparato. Y si no funciona, tendré que reclamar, que me dieron garantía.

La marca es MUROTERM.  En su página explican todo el proceso de desecación de las humedades y si alguien tiene mucho interés lo puede mirar ahí. No voy a copiar todo, porque viene a ser como una clase magistral de física y ya hace tiempo que mi neurona no está para tantos trotes.

Pero resulta que la pintura que tenemos en la pared es plástica. Tan tan plástica, que hace una película impermeable sobre el muro que no deja transpirar a la pared. Así que la humedad va a tardar mil años en secarse. 
Y para evitar eso, lo mejor es rascar la pintura y dejar que se seque todo bien antes de proceder a la reparación y nuevo pintado de todo.

Así que me he provisto de un trasto similar a este:



y me he puesto dale que te pego a quitar pintura. Después de varias horas de trabajo, he dejado el suelo hecho una cuadra, eso sí, pero el trabajo no avanza nada. Cuesta una barbaridad, incluso con el aparato eléctrico, porque la pintura está muy pegada a la base. Así que al final he ido quitando lo que buenamente estaba más flojo, y así se ha quedado. Algo ya respirará el cemento y esperemos que para la primavera se note la diferencia.




miércoles, 23 de enero de 2013

EL ÚLTIMO BRICOLAJE (POR AHORA)

Se me había olvidado ponerlo. Y después de lo que nos ha costado prepararlo, pensarlo, hacerlo... tendría que haberlo publicado inmediatamente.
Pero como tengo la cabeza más p'allá que p'acá se me había quedado traspapelado.

Estoy hablando de la gran obra de la barandilla del altillo.

Primero, hay que pensar y diseñar; tomar medidas, decidir material y forma, y gracias al Sketchup, ponerlo en un dibujo comprensible.

Luego, comprar las maderas, colorearlas y barnizarlas; proveerse de unos cuantos tirafondos y escuadras de sujeción, y llevar todo al pueblo.

Astutamente, hice todo esto y lo llevé al pueblo en una fecha en la que iba a estar allí Raúl: nuestro "operario de cabecera",  que es muy apañao. Y menos mal, porque si llego a estar yo sola... hacerlo, lo hubiera hecho, pero me hubiera costado mucho más tiempo y trabajo y habría quedado peor; eso seguro.

Lo que no estaba previsto eran las inclinaciones que tienen todas las paredes de esta casa, que fue lo que más guerra nos dio, pero al final, después de un par de intentos (y varios agujeros inservibles en la pared), lo conseguimos y quedó así de chula. Al menos hará su papel de quitamiedos y ya se puede usar el altillo para dormir.

martes, 12 de junio de 2012

EL "LOFT" DE NAIA

Aún no tenemos la barandilla... pero todo llegará. Y ahora ya hay un "camino de acceso" para subir al altillo. Se trata de dos módulos de IKEA colocados en escalera, que permiten a los niños trepar ágilmente hasta arriba. Y a los mayores, haciendo un esfuerzo y a duras penas, pero que conste que yo he subido, ¡y varias veces! 

En el mes de abril estuvimos prácticamente toda la familia pasando un fin de semana, con la obra terminada de aquella manera, y un caos generalizado. Pero como ensayo general estuvo bien, y entre todos pudimos terminar de montar los muebles: literas, mesa, banco, sofá... etc.  

Ahí tenéis a Nuria y Raúl ¡haciendo Bricomanía a tope!